
El bartering es una acción de relaciones públicas liderada por una organización que puede realizarse de varias formas, ya sea produciendo una pieza no publicitaria que trasmitirá un medio sin que la organización que lo promueve tenga que pagar por su difusión, o facilitando productos que sirvan como reclamo para atraer al público en un contenido entre el contenido editorial y lo publicitario, es decir, un intercambio de productos entre empresas sin necesidad de mediar dinero. De manera genérica, se podría traducir como “trueque” en español.
El trueque (bartering) es el método comercial más antiguo del mundo utilizado por los fenicios como alternativa al dinero. De nuevo, a principios del siglo XXI, forma parte de muchas relaciones comerciales, ya que admite intercambios de una gran diversidad de productos y servicios. Es una técnica especialmente indicada para las empresas de gran consumo.
De esta manera, el bartering permite ofrecer un beneficio mutuo a cualquier empresa, al margen de su importancia o de su sector de actividad, mediante la financiación y la adquisición de los productos o servicios que necesitan, gracias al intercambio de una parte de su producción. Se trata pues de realizar un trueque que beneficie a las partes y que esté organizado. Cuanta más calidad posean los productos más posibilidad habrá de cambiarlos. Sin embargo, los productos intercambiados no pueden ser perecederos, es decir, cortos o transitorios.
La ventaja más directa que proporciona el trueque es el poder contar con una forma más de pago y una forma más de dar salida a productos de difícil venta, pudiendo así sacarnos de algún que otro apuro en momentos de poca liquidez, por lo que la empresa puede comprar, sin desembolso en metálico, lo que necesite, pagándolo con productos o servicios que, de otra forma, se quedarían sin vender en una larga temporada. Además le da otra utilidad al producto, favorece su competitividad y mejora su productividad.
Por otra parte, tiene un par de desventajas, pues el mayor obstáculo que tiene el sistema es que hasta que las empresas no lo prueban, siguen asociando el tema del trueque al del “chanchullo” y no es fácil cambiar esta mentalidad. La otra desventaja es que existe también una cierta resistencia, sobre todo en el caso de las grandes multinacionales, a reconocer que recurren al trueque, por temor a que esto sea interpretado como un problema de tesorería.
Un buen ejemplo sería que, en el caso de las televisiones, una empresa ofrece una idea o la producción de un programa, da los derechos de emisión a un medio, y éste, a cambio le ofrece una compensación en espacios publicitarios.
